Las mujeres venezolanas no tienen representación en la política. Hay que nivelar el campo de juego

Artículo de opinión

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Crédito: diario El Comercio

El nivel de participación política de las mujeres en la política venezolana es desalentador. El conflicto político reciente, la desconfianza electoral y una prolongada crisis económica, humanitaria y migratoria, si bien limitan la participación de las mujeres en política, no cuentan toda la historia de la exclusión de las mujeres de la política venezolana.

En realidad, las estructuras políticas internas y los roles de liderazgo siguen estando dominados por los hombres, especialmente dentro de los partidos políticos predominantes y las instituciones de Venezuela. De hecho, los únicos partidos encabezados por mujeres son: Vente Venezuela, dirigido por María Corina Machado y Encuentro Ciudadano, conducido por Delsa Solórzano, por ahora partidos minoritarios, fueron fundados por mujeres. Sin embargo, solo en el caso de este último hay un 54% de mujeres en toda su estructura. Por otro lado, de las quince comisiones permanentes de la Asamblea Nacional de 2015 —la única legislatura de jure de Venezuela, conducida por el líder del gobierno interino, Juan Guaidó— únicamente dos están dirigidas por mujeres. Las mujeres se encuentran excluidas de la toma de decisiones en las áreas de alto perfil en materia de políticas tales como energía y la economía.

Una cultura extendida de machismo, la falta de recursos, la exclusión de las redes existentes y los deberes no políticos contribuyen a la subrepresentación de las mujeres en los puestos de liderazgo político. La exclusión de las mujeres perjudica a las mujeres, a los hombres y a los propios partidos venezolanos. Los partidos se benefician con una mayor incorporación de mujeres, sea a través de cargos electivos más representativos, el acceso a nuevos grupos de votantes o relaciones más fuertes con sus electores, de los cuales el 83 %, según determinó una encuesta reciente, no confía en los partidos políticos.

Tras haber trabajado estrechamente con integrantes de los partidos en Venezuela y en la región, ni todos nuestros problemas ni las soluciones son particulares de Venezuela. Muchos de nuestros vecinos que experimentan desafíos similares han logrado avances sustanciales en el empoderamiento de las mujeres. A partir de sus ejemplos, hay seis medidas que podrían ampliar considerablemente la participación de las mujeres en la política venezolana.

En primer lugar, nuestra legislatura debería adoptar un mecanismo de paridad del 50 % con normas de jerarquía vertical para la distribución de los candidatos femeninos y masculinos, a fin de garantizar una representación equitativa en nuestra legislatura, y establecer sanciones por su incumplimiento. Los anteriores cupos impuestos por el Consejo Nacional Electoral (CNE) no tuvieron éxito en parte debido a que no contaban con un mecanismo de aplicación que garantizara el cumplimiento. México abordó este problema mediante la exigencia de que cada partido presente una lista de candidatos antes de las elecciones, con el posterior rechazo de la inscripción de los partidos que no cumplan con el cupo. Dicho proceso ha funcionado de maravilla: la cámara baja de México en la actualidad tiene total paridad, las mujeres dirigen un cuarto de los 32 estados mexicanos e incluso superan en número a los hombres en las legislaturas locales.

En segundo lugar, las mujeres venezolanas necesitan trabajar transversalmente, por encima de las divisiones partidarias —tanto dentro como fuera del parlamento— para presionar hasta obtener normas que amplíen la representación femenina. Para implementar una ley de paridad, y mejor aún, para garantizar puestos de liderazgo más significativos para las mujeres, son éstas quienes deben aprovechar su fuerza colectiva. El cupo de género en México, por ejemplo, recién se adoptó después de que las legisladoras femeninas de todo el arco político unieran fuerzas para llevar adelante la ley. Cuando los partidos mexicanos pretendieron socavar la eficacia de la ley ubicando a las candidatas mujeres en los distritos donde tenían pocas probabilidades de ser electas, como a menudo ha ocurrido en Venezuela, las coaliciones de mujeres los demandaron —y ganaron.

Otro ejemplo prometedor proviene del Foro de Mujeres de Perú, una coalición de grupos liderados por mujeres que presionaron exitosamente hasta lograr que se legislara un cupo con mecanismo de aplicación. Un grupo similar en Venezuela, que trabaje en los márgenes de la Asamblea Nacional, podría tratar de incidir en la legislación de cupos nacionales, así como un mecanismo de aplicación efectivo.

En tercer lugar, las mujeres que intervienen en la política deben hacer más por construir alianzas con las organizaciones de la sociedad civil y con sus contrapartes masculinas. En Venezuela, la participación política de las mujeres tiene lugar mayormente a nivel de base. Debemos apalancar dichos vínculos con la sociedad civil, así como las relaciones con los líderes partidarios masculinos y las organizaciones afines, a fin de generar un apoyo público más amplio a la paridad y a la participación significativa de las mujeres en todo el sistema político.

En México, las mujeres que se dedican a la política trabajaron con la sociedad civil y con sus contrapartes masculinas para sancionar medidas que aumentaran la elección de las mujeres. Esta coalición también incluyó al líder masculino del Partido Acción Nacional (PAN), uno de los mayores partidos políticos de México, quien movilizó a su partido para que respaldara la ley de 2007 que contemplaba el mecanismo de aplicación para el cupo legislativo. Como resultado, en 2019 hubo pocos o ningún disidente respecto de una reforma constitucional donde se estableciera la “paridad en todo”. Del mismo modo, la clave para el éxito del Foro de Mujeres en Perú consistió en trabajar con los principales activistas a fin de obtener el apoyo del entonces presidente Fujimori para lograr un cupo de género. Al trabajar en simultáneo en el nivel superior y en las bases para lograr cupos legislados, las venezolanas también podemos cambiar las reglas dentro de nuestros partidos. Algunas organizaciones, como Mujeres por la Democracia en Venezuela (MDV), ya lo están haciendo. Estas iniciativas necesitan desesperadamente de apoyo para crecer y prosperar.

En cuarto lugar, los partidos políticos venezolanos y la propia Asamblea Nacional deberían designar comisiones dedicadas a brindar un análisis de género para las políticas cuya adopción se proponga. El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador, por ejemplo, cuenta con un comité asesor específico que revisa las plataformas propuestas en cuanto a la forma en que reflejan las prioridades políticas de las mujeres. En Venezuela ya existe un precedente en las negociaciones políticas en México, donde se seleccionó a un delegado de cada partido para brindar un enfoque en materia de género. Este proceso debe replicarse en la Asamblea Nacional y dentro de los propios partidos políticos.

En quinto lugar, Venezuela debería adoptar e implementar un Plan Nacional de Acción sobre Mujeres, Paz y Seguridad. Cerca de otros 100 países, incluidos Chile, Argentina, Brasil, Guatemala, El Salvador y México, ya han adoptado este tipo de plan, que ayuda a los gobiernos a establecer compromisos con el empoderamiento de las mujeres y poner la atención en las herramientas necesarias para aumentar la representación significativa.

Por último, las mujeres líderes políticas venezolanas necesitan contar con mayores recursos para competir de manera más eficaz en el escenario político. Ello incluye el acceso al financiamiento, oportunidades de desarrollo de capacidades, capacitación y guía de mentores. En México, el 2 % del financiamiento público para los partidos políticos debe destinarse a la capacitación, la promoción y el desarrollo del liderazgo político de las mujeres. Un financiamiento similar en Venezuela podría ayudar al desarrollo de sectores de mujeres dentro de los partidos políticos, así como aumentar la participación y la capacidad de nuevas mujeres que se incorporen como miembros.

Las medidas que anteceden no necesariamente llevarán a la participación plena, equitativa y significativa de las mujeres en todo el panorama político. Sin embargo, consideradas en su conjunto, ayudarán a empoderar a las mujeres y a nivelar el campo de juego. Al hacerlo, ofrecerán un paso importante hacia el futuro inclusivo y democrático al que aspiramos los venezolanos.

nataliabrandler@gmail.com

Natalia Brandler

Fundadora y presidenta de Asociación Cauce.

http://www.asociacioncauce.org
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